sábado, 17 de enero de 2009

Carta de un hijo a todos los padres del mundo




















No me des todo lo que te pida: A veces sólo pido para ver cuánto puedo tomar.



No me grites: Te respeto menos cuando lo haces... y de ese modo me enseñás a gritar a mí también y yo no quiero hacerlo.



No des siempre órdenes: Si en vez de órdenes a veces me pidieras las cosas, yo lo haría más rápido y con más gusto.



Cumple las promesas buenas y malas: Si me prometes un premio, dámelo. Pero si lo prometido es un castigo, cúmplelo también.



No me compares con nadie, especialmente con mi hermano o hermana. Tampoco con compañeros, vecinos u amigos. Si tú me haces lucir mejor que los demás alguien va a sufrir y si me haces lucir peor que los demás, seré yo quien sufra.



No cambies tan a menudo sobre lo que debo hacer. Decídete y mantén esa decisión.



Déjame valerme por mí mismo: si tú lo haces todo por mí yo nunca podré aprender.



No digas mentiras delante de mí ni me pidas que las diga por tí, aunque sea para sacarte de un apuro. Me haces sentir mal y perder la fe en lo que me dices.



Cuando yo hago mal, no me exijas que te diga el por qué lo hice. A veces, ni yo mismo lo sé.



Cuando estás equivocado en algo, admítelo y crecerá la opinión que yo tengo de tí y me estarás enseñando a admitir mis equivocaciones también.



Trátame con la misma amabilidad y cordialidad con que tratas a tus amigos, ya que porque seamos familia eso no quiere decir que no podamos ser amigos también.



No me digas que haga una cosa y tú no la haces. Yo aprenderé y haré siempre lo que tú hagas, aunque no lo digas; pero nunca haré lo que tú digas y no hagas.



Cuando te cuente un problema mío no me digas: "no tengo tiempo para tonterías" o "eso no tiene importancia". Trata de comprenderme y ayudarme.



...Y quiéreme y dímelo: a mí me gusta oírtelo decir aunque tú no creas necesario decírmelo.



Con amor, tu hijo que te quiere